La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

23 agosto, 2013

Un motivo para levantarse antes del amanecer

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 9:50

“…quedóse don Quijote esperando el día, así, a caballo, como estaba, y no tardó mucho cuando comenzó a descubrirse por los balcones del Oriente la faz de la blanca aurora…”.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha – Miguel de Cervantes

Llevo unos días levantándome antes del amanecer.

Los que me conocen bien saben que la declaración anterior, salida de mi boca, de mi teclado, puede ser tan falsa como la “falsa monea”. Siempre he defendido que dejar de dormir y abandonar el lecho antes de que el sol haya asomado por el horizonte, el horizonte que corresponda según la longitud y la latitud en la que te halles dormitando en este planeta, levantarse antes que el día sea día es… antinatural. Pero, sí, llevo unos días levantándome antes del amanecer.

clip_image001El motivo es que si uno quiere salir a caminar sin fundirse con el asfalto tiene que hacerlo cuando el monarca de todos nuestros astros anda también desperezándose. Una vez que ha tomado altura, una vez que ha subido los primeros peldaños de su trono, mejor inclinar la testa y colocarse a su sombra. Así que, antes que me deslumbre su presencia, camino por el elevado paso a nivel cercano a la casa, subo la rampa y me encuentro frente a él. El cielo se anaranja (sí, ya sé que tal verbo no existe) anunciando el orto. Me detengo y giro cabeza y mirada hacia el norte. Sobre la silueta negruzca de Sierra Morena unas nubes de un color gris panzaburra parecen haberse detenido también a mirar. La forma de la formación nubosa simula una cadena montañosa de tonos plomizos, casi fundidas con el cielo del amanecer que ahora no es tan límpidamente azul como lo será dentro de unos minutos. Y cuando la primera luz del sol ilumina tímidamente la zona más alta de la falsa cordillera nubosa se produce una especie de efecto especial cinematográfico: las cumbres de las montañas nubosas parecen cubrirse de nieve mientras que el resto de la imaginadas laderas conservan el tono grisáceo de unas faldas montañosas desnudas de vegetación.

No llevaba cámara fotográfica, no puedo mostrar la imagen, tan solo puedo contarlo. Pasado el efecto sigo caminando y pienso que he encontrado un motivo por el cual ha merecido la pena levantarse antes de que amanezca.

PS. El día siguiente a lo anteriormente contado presencié un hecho idéntico, justo al atardecer, cobijado en una habitación en la que el aire acondicionado me mantenía a salvo. A través de una ventana que mira al norte observé que la falsa montaña de nubes también estaba ahí, en este caso sobre los tejados y terrazas. Tan solo una diferencia: en este atardecer se cubrían de simulada nieve las cumbres del oeste y al amanecer lo hacían las del este. Pero el espectáculo era, aunque repetido, único.

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