La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

8 agosto, 2013

La paranoia

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 13:18

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1. Se detuvo de repente. Le temblaban las manos cuando sacó del bolsillo la navaja y asestó más de veinte puñaladas a su sombra.

2. Aquel psiquiatra especializado en pacientes paranoicos terminó su carrera profesional pasando consulta en una habitación del pánico.

3. Recién cumplidos los cincuenta y con 135 centímetros de altura intentó fichar por un equipo de la NBA. Diagnóstico: delirios de grandeza.

4. En los ochenta oía canciones de Pabellón Psiquiátrico y en los noventa de Amparanoia. En el siglo XXI solo escucha canto gregoriano.

5. Dijo sentirse observado por cincuenta mil personas a la vez. El psicólogo le aconsejó que cambiase su localidad situada debajo del marcador.

6. Cada mañana se paraba frente al escaparate. Lanzaba un beso al maniquí femenino y sonreía maliciosamente cuando veía enrojecer al masculino.

7. – Cariño, durante el ménage à trois creo haber visto que “Jenni” se hinchó más sus pechos.

– No seas celosa, querida –le dijo él.

8.  El psiquiatra le dijo  al general golpista: “Su problema solo tiene una solución: hágase con el poder y nómbreme Ministro de Salud Mental”.

9. “¡Están ahí fuera”, están ahí fuera!”. No cesaba de oír esas palabras dos horas después de que el duelo abandonara el cementerio.

10. Dejó su trabajo y su familia el día en el que uno feriantes llegaron al pueblo con aquella galería de espejos que deformaban las imágenes.

11. Cuando ellos le perseguían él se dirigía a aquel hotel con puerta giratoria. Entraba y salía sin detenerse. Ellos habían desaparecido.

12. El celador del psiquiátrico observa a los internos por las mirillas de las puertas. En su casa los vigila tras los visillos de las ventanas.

13. Viajó al soleado Sur para hacer innumerables fotos de su sombra. Serían sus soldados para conquistar el oscuro Norte.

14. Después de acabar las autopsias el forense guardaba todo su instrumental bajo llave temiendo que sus pacientes lo usasen y se hiciesen daño.

15. El novelista agotó su mundo imaginario pero seguía escribiendo. Al día siguiente se le ocurrieron mil historias pero no sabía escribir.

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