La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

6 agosto, 2013

Elvira y Matilda

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:31

Lectura para las vacaciones. Tomen asiento los fieles a esta capilla de las Tizas de colores. Acomódense en el banco situado en el rincón más umbrío, pues son dos textos divertidos y refrescantes que vienen bien para este tiempo tórrido y de aulas desiertas.

1. El primero lo encuentro en el libro “Lugares que no quiero compartir con nadie” (Elvira Lindo). Lo traigo aquí porque reivindica el valor que puede tener una frustración escolar, frustración que no tiene por qué llevarte al diván del psiquiatra sino a una carrera profesional distinta y exitosa.

“Mi colegio era uno de esos centros en los que los niños deportistas son venerados y excusados casi de ser brillantes en otras materias. Y yo, la de la imaginación desbordada, soñaba con correr con los brazos alzados el último tramo de una carrera de relevos y provocar el entusiasmo de mis compañeras. Afortunadamente, mi futuro se despejó en un solo sábado en el que el entrenador del colegio me puso a prueba dejándome competir en todas las especialidades atléticas. Fue un sábado intenso. Fracaso tras fracaso terminé lanzando disco. Mientras esperaba mi turno y ensayaba posturitas de discóbola me imaginaba una vida de exitosa lanzadora. Cuando me tocó el turno lancé el disco con un estilo depurado, pero extrañamente no salió en la dirección reglamentaria sino hacia la pista de las corredoras. Por suerte, la gente gritó advirtiendo el peligro, las corredoras se agacharon y el disco no le abrió la cabeza a nadie. Nunca más aventuré por el camino de la competición deportiva. En el autobús escolar, sentí, de camino a casa, un pequeño dolor, el que provoca el sentido del ridículo, pero mi temperamento optimista enseguida cauterizó la herida y me convencí de que no quería un futuro de deportista de élite, lejos de casa siempre, con esos hombros de culturista que se les ponen a las lanzadoras de peso y con una vida profesional muy corta. Y luego dicen que las frustraciones tempranas no sirven para nada.”

2. El segundo lo conocí hace un tiempo a través de una cobloguera. Es un texto del libro “Matilda”, de Roald Dahl. Pura fantasía. Después de leerlo no deben enfadarse los padres/madres de los alumnos. Y no deben ponerse a imaginar situaciones similares los maestros/as de los mismos.

clip_image002 “Ocurre una cosa graciosa con las madres y los padres. Aunque su hijo sea el ser más repugnante que uno pueda imaginarse, creen que es maravilloso.
Algunos padres van aún más lejos. Su adoración llega a cegarlos y están convencidos de que su vástago tiene cualidades de genio.
Bueno, no hay nada malo en ello. La gente es así. Sólo cuando los padres empiezan a hablarnos de las maravillas de su descendencia es cuando gritamos: «¡Tráiganme una palangana! ¡Voy a vomitar!».
Los maestros lo pasan muy mal teniendo que escuchar estas tonterías de padres orgullosos, pero normalmente se desquitan cuando llega la hora de las notas finales de curso. Si yo fuera maestro, imaginaría comentarios genuinos para hijos de padres imbéciles.
«Su hijo Maximilian —escribiría— es un auténtico desastre. Espero que tengan ustedes algún negocio familiar al que puedan orientarle cuando termine la escuela, porque es seguro, como hay infierno, que no encontrará trabajo en ningún sitio».
O si me sintiera inspirado ese día, podría escribir: «Los saltamontes, curiosamente, tienen los órganos auditivos a ambos lados del abdomen. Su hija Vanessa, a juzgar por lo que ha aprendido este curso, no tiene órganos auditivos».
Podría, incluso, hurgar más profundamente en la historia natural y decir: «La cigarra pasa seis años bajo tierra como larva y, como mucho, seis días como animal libre a la luz del sol y al aire. Su hijo Wilfred ha pasado seis años como larva en esta escuela y aún estamos esperando que salga de la crisálida». Una niña especialmente odiosa podría incitarme a decir: «Fiona tiene la misma belleza glacial que un iceberg, pero al contrario de lo que sucede con éste, no tiene nada bajo la superficie». Estoy seguro de que disfrutaría escribiendo los informes de fin de curso de las sabandijas de mi clase. Pero ya está bien de esto. Tenemos que seguir.”

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