La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

25 julio, 2013

Desde mi sombrilla 2013 – Cruzando el paso de peatones

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 10:08

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Hay situaciones que desconciertan, momentos en la vida en los que uno se ve sorprendido por acciones no extraordinarias sino cotidianas, de esas que ocurren cada día cientos de veces pero a las que las gentes con las que uno convive dan respuestas diferentes. Por ejemplo: el paso de peatones en un paso de lo mismo.

Sí, el popular paso de cebras, tan monótono en su blanco de pintura y gris de asfalto, es un elemento que está ahí pero que muchos de nuestros coterrícolas parecen desconocer en su intrínseca existencia como elemento regulador del tráfico de vehículos conducidos por personas y personas que no conducen ningún vehículo. Cuando voy a la capital muy pocos respetan esa evidente existencia, el paso de peatones es pisado e ignorado con desvergüenza, con lo cual atravesar uno de ellos se convierte en un deporte de riesgo, algo así como lo que supuso el Paso de la Termópilas para aquel rey persa que se las tuvo que ver con aquellos griegos musculados de la famosa película con nombre de número.

Aquí no. Aquí cruzo varias veces todos los días uno de esos pasos, de considerable anchura entre acera y acera, y los coches y motos se detienen. Pienso que debe ser la influencia refrescante de la brisa marina que le llega directamente, no al paso sino al conductor del vehículo. Es más, ante la indecisión del peatón, cargado de hamaca, sombrilla y libro, el conductor le habilita el cruce con un leve movimiento de la mano y una sonrisa beatífica que se acercan a una escenografía casi pontifical de la que el peatón no puede dudar. Pero lo que más llamó mi atención en estas situaciones de travesía peatonal fue una tarde en la que caminaba por el paseo marítimo. Paralelo a él discurre el carril bici, que también tiene sus pasos de peatones. En este caso el clásico longitudinal blanco-gris ha sido sustituido por un cuadriculado rojo- blanco. Esa imagen, a la que cuesta habituarse, parece rememora un tablero de ajedrez en el que se estuviera librando la batalla de aquellos ejércitos que con esos colores dirimieron el futuro de la decadente Rusia zarista y la emergente Unión Soviética. Pues bien, iba a cruzar por uno de ellos cuando observo que dos jóvenes patinadores vienen hacia mí. Me detengo para dejarlos pasar temiendo que puedo ser embestido sin piedad. Es entonces cuando la patinadora, una joven adolescente (lo reconozco, fue esa relación patinadora-edad de la inconsciencia la que me hizo temer la embestida), se detiene, y hace que se detenga su compañero (adolescente, también), delante de la cuadrícula peatonal (a imagen de la estepa rusa) y… me cede el paso. No estoy acostumbrado a estos derroches de urbanidad así que les sonrió beatíficamente y le doy las gracias.

Hablando de urbanidad. Aquí los dueños de perros recogen sus excrementos (los de los perros, bien sûr). ¿Se lo pueden creer?

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2 comentarios »

  1. Pero, ¿dónde demonios estás?
    Aquí, donde estoy yo, también pasan esas cosas tan desconcertantes.

    Comentario por Ángela — 25 julio, 2013 @ 14:51 | Responder

    • Estoy donde querría permanecer un mes… Pero no es posible.
      🙂

      Comentario por donceldevr — 29 julio, 2013 @ 9:54 | Responder


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