La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

28 mayo, 2013

La vejez en versos de Borges y Baudelaire

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 19:33

Antoniomm:

Un negro anciano, con la piel muy oscura, bruñida de sudor bajo el sol, con traje, con zapatos grandes, con una corbata de nudo enorme, con los picos de la camisa levantados, está sentado en uno de esos bancos que hay en la mediana ajardinada de Broadway, en los que suelen sentarse indigentes o gente rara y solitaria….

Cerca de mí una mujer mucho más joven lo ve y cruza hacia él sin esperar a que el semáforo cambie. En este barrio se destaca en seguida el que viste con esmero. La mujer lleva traje de chaqueta y tacones. Veo que se acerca al hombre y se inclina sobre él, haciendo gestos de alarma. Cruzo y procuro enterarme de lo que dice. El hombre la mira, con la mandíbula inferior descolgada, como sin reconocerla o sin entender lo que dice. La corbata con el nudo mal hecho le cuelga del cuello muy flaco. “Pero qué susto nos has dado, papá, dónde piensas que ibas”. El hombre mira hacia arriba, entre extrañado y asustado, con cara de estupor, el labio inferior húmedo de saliva. La hija le limpia expeditivamente la boca con un pañuelo de papel, lo toma de la mano y él se levanta muy dócil, y cruza con ella a la acera, arrastrando los pies, las suelas gruesas de los zapatos de charol de dos colores.

Nicolás:

Suelo leer cada mañana el Instante de Aquí y a continuación el poema que aparece en el blog de Zumo de Poesía. Después de leer el extraordinario texto que hoy nos deja el anfitrión me encuentro con los versos de Borges:

clip_image002“La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.”

************************************

La vejez a la que se teme y a la que se anhela llegar, la vejez y el deterioro físico o la plenitud de lo vivido, la dependencia de los demás, la sabiduría siempre cuestionada porque todo lo vivido no da para adaptarse a los tiempos siempre cambiantes, la debilidad ante el futuro incierto pero sobre todo recortado por el paso imparable de los días que empiezan a ser muy iguales los unos a los otros, la fortaleza mal entendida de creerse inmune a lo males que la carga diaria de medicamentos parecen evitar, la esperanza de ver cumplir etapas a los suyos con el anhelo de ver el próximo bautizo o la siguiente boda (aunque no sea en la iglesia), los momentos de desconcierto, de dormir cuando no se dormía y de despertar cuando toca dormir, asomarse por una ventana a la vida cuando las piernas ya no te permiten andar otros caminos, recordar los años del hambre y olvidar lo que cenamos anoche, mirar las fotos en blanco y negro para intentar recordar el color de aquellos días, sacar el genio y la rebeldía cuando se cree llevar la razón que los demás quieren para sí, reír con la tontería que alguien dice en televisión y a continuación llorar por un recuerdo imprevisto, esperar que llegue el de tu quinta para rememorar batallas de aquellos tiempos y poner de vuelta y media a la juventud de hoy (de qué hoy cuando hace ya veinte años que esa juventud no se detuvo), de ver cómo van desapareciendo otros a los que siendo tú ya un mozalbete viste jugar como niños… la vejez puede ser el tiempo de nuestra dicha (dijo el poeta). Puede.

Malaquías:

Nicolás: Que no nos engañe este lirismo. Frente a las averías de la vejez, menos poemas y más experimentos como el de Oregón; menos violines y más clonación de células madre que nos permitan regenerar neuronas y cambiar los órganos estropeados por otros nuevos. La vejez será verdaderamente el tiempo de la dicha cuando podamos estrenar un cuerpo cada diez años.

Nicolás:

Malaquías, también nos queda la opción de agarrarnos a la leyenda y, cual rey David, poner en contacto la decrepitud de las carnes con otros cuerpos jóvenes y lozanos que detengan lo que la naturaleza ordena y así el lirismo borgiano pueda hacerse realidad:

clip_image004

“Ángel lleno de belleza, ¿conoces las arrugas,
El miedo a envejecer, y ese odioso tormento
De leer el horror secreto del sacrificio
En ojos donde un día abrevaron los nuestros?
Ángel lleno de belleza, ¿conoces las arrugas?

¡Ángel lleno de dicha, de luz y de alegría!
David agonizante curación pediría
A las emanaciones de tu cuerpo hechicero;
Pero de ti no imploro, ángel, sino plegarias,
¡Ángel lleno de dicha, de luz y de alegría!”

Reversibilidad – Charles Baudelaire

Blog de Antonio Muñoz Molina – 17 de mayo de 2013

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