La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

24 mayo, 2013

Un puente sobre el Drina – Ivo Andric

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 16:05

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El inicio del libro es más que prometedor. Los primeros capítulos en los que el autor relata la construcción del puente anuncian una lectura agradable. Pero pronto uno tiene que cambiar la idea que se había forjado. El río literario no discurre de forma regular. El Drina de Ivo Andric es una novela de régimen irregular, con épocas de caudal pleno, con estiajes considerables, con desbordamientos que inundan de satisfacción la lectura cual Nilo egipcio y con desviaciones del cauce que desmoralizan al lector. Cada capítulo presenta nuevos personajes, diversas historias a lo largo del tiempo, desde el siglo XVI al XX. En todas ellas el puente es un punto de encuentro, de cruce de caminos, de lugar concurrido y bullicioso, de plaza pública, de patíbulo, de muchas y diversas funciones. Sobre él se levantan leyendas que trascienden la vida de las gentes de la ciudad, se fantasea con el futuro y se trata de no olvidar el pasado. Las diferentes comunidades religiosas y étnicas que viven en Visegrado tienen al puente como elemento común, más allá de sus dioses, sus emperadores, sus sultanes, etc. El amor imposible, el comercio, la guerra, la fuerza de la naturaleza, la religión, son elementos que sustentan los pilares de esta novela río. Y sobre ellos se levantan los arcos del puente, una serie de personajes que demuestran sus miedos y alegrías, la templanza ante las catástrofes, la soberbia de los poderosos, la vida corriente de los normales…

Los puentes siempre tienen una carga simbólica. Uno de los personajes cuenta la leyenda sobre su creación. El dios musulmán mandó a sus ángeles para que extendieran sus alas y facilitaran el paso de las gentes por aquellos surcos inundados de agua que el demonio había realizado. Si el puente está colocado entre Serbia y Bosnia, entre el Imperio Turco y el Imperio Austro-Húngaro, allí donde se mezclan gentes de todos los dioses, uno cruza no sólo un río, cruza un tiempo en busca de los orígenes que desencadenaron guerras sucesivas a lo largo de muchos siglos en ese rincón de Europa, hasta no hace muchos años. Pero cuando uno cruza el puente sobre el Drina se encuentra también con gentes que viven su vida alejados de los grandes acontecimientos históricos, que conviven en paz, pero que inevitablemente tienen que adaptarse a los cambios sociales y políticos de los tiempos. Por ejemplo cuando Ali Hodja, un viejo, notable y sabio musulmán le responde a su contertulio, admirado éste por el nuevo ferrocarril:

“-Si vas al infierno, vale más que vayas despacio -decía, con amargura, a un joven comerciante-. Eres un imbécil, si crees que el alemán ha gastado dinero y ha introducido máquinas solamente para que puedas viajar y resolver tus asuntos más deprisa. Tú ves únicamente que te desplazas, pero no te preguntas lo que la máquina arrastra consigo, aparte de ti y de tus semejantes. Eso no puede entrarte en la cabeza. Viaja, viaja por donde quieras, pero me temo que ese viaje te proporcione uno de estos días alguna amarga decepción. Llegará el momento en que los alemanes te transportarán allá donde tú no querías ir y donde nunca habrías podido imaginar que podrías ir.”

La historia le daría la razón, desgraciadamente, unos años después a Alí Hodja.

clip_image003Andric escribe con una prosa que declara su amor por la naturaleza del país, añadiendo constantemente reflexiones sobre las actitudes y el comportamiento humano. Describe las actividades de las gentes que van viendo pasar los años con una naturalidad que en la mayoría de las veces no rompe ese discurrir. Nos cuenta detalles de las culturas que conviven en esa ciudad, la diferente forma de ver la vida que tienen sus pobladores. Hay pasajes narrativos de una extrema violencia, acorde con los tiempos y los personajes que los realizan, pero pronto son olvidados por otros que relatan la vida corriente de las gentes que ven en el puente un elemento esencial en sus vidas. Y dentro del puente ese lugar llamado kapia donde las gentes se reúnen, cual si fuese un ágora griega o una galleria milanesa.

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