La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

2 mayo, 2013

Corte y confección (y la importancia del crochet)

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 15:41

Antoniomm:

Un edificio de ocho plantas que albergaba fábricas de confección se hunde en Dhaka, la capital de Bangladesh. Ayer se calculaban 150 muertos. Hoy ya son 256. Muchos trabajadores habían denunciado la grietas que estaban apareciendo por todas partes. Pero los inspectores no hicieron nada, y los empresarios no quisieron permitir revisiones que habrían interrumpido o retrasado el trabajo. Entre las ruinas aparecen cadáveres y supervivientes heridos y medio asfixiados y etiquetas de ropa: Benetton, Mango, entre otros. Hace sólo unos meses, en un edificio cercano, hubo un incendio terrible, en otra fábrica. Los clientes, grandes empresas americanas y europeas, imponen  precios cada vez más bajos y las fechas de entrega cada vez más estrictas. La ropa ha de estar a punto en los escaparates al principio de cada temporada.

clip_image001Nicolás:

“Y es que ahora las mujeres ya no saben coser. Esa camisa te la hacía yo, o tu madre, lo mismo que os las hacíamos cuando erais chicos”, dice mi madre (noventa años) cuando mis hijos le enseñan la ropa que acaban de comprar. Parece tan lejos pero no lo es.
Más lejos está aquel momento casi dramático en el que, estando uno en segundo del bachillerato elemental, al profesor de Gimnasia le dio por innovar y mandó que compráramos un chándal para su clase. Me ocurrió algo parecido al chico de “El Viento de la Luna” cuando su madre y su abuela compraban retales de tela blanca en El Sistema Métrico para hacerle aquellos calzoncillos de los que se burlaban sus compañeros en la fastidiosa clase de Gimnasia. Mi madre compró tela azul, parecida a la de aquellos primeros chándales, en la tienda de telas en la que trabajaría el Lorencito Quesada de turno. Pero claro, no era igual el confeccionado que el “artesano” cosido en casa con la vieja máquina Refrey.
Eran los años sesenta del siglo XX. Algunos aún no han llegado a esa fecha. En algunos lugares del sudeste asiático no lo han hecho quienes son explotados (suena a tópico pero no encuentro otra palabra) cosiendo, tejiendo… camisetas o balones de fútbol. En otros lugares, los que ya pasamos esa época quizás tengamos que volver a las viejas máquinas de coser y lucir con orgullo una prenda sin “esa etiqueta”.

Sap:

Nicolás: Alrededor del tema de la confección casera de ropa y ante unos ejemplos que me ha enviado mi amiga Loli Parrillón, una gran aficionada al crochet, me he convencido -a la vista de las imágenes- de que esta labor debería promocionarse por el bien de la economía del hogar y apoyarse la creación de escuelas y academias de corte y confección como las de antes.

Pero sobre todo, incidir en el crochet, pues de tal arte son como digo, los artículos que he recibido (en imagen): una deliciosa colección de braguitas, culottes y tangas que deberían animar a las señoras que frecuentan este ilustre cenáculo a retomar la aguja y el ovillo.  Sonrisa

Nicolás:

Sap, no dudo de la habilidad de tu amiga Loli en el arte del crochet, pues he conocido mujeres capaces de confeccionar con tal técnica una cantidad de prendas que dejaría boquiabierto al más moderno de los creadores de moda, diseño y tendencias que pululan por los salones del mundo de la alta costura y otras artes paralelas.
clip_image003Sin ir más lejos conocí auténticas joyas en crochet, unas decorativas, como el pañito en el que se instalaba el perrito cabeceador de aquellos Seat 600, otras prácticas, como el minipañito que preservaba el orificio trasero del botijo veraniego de la posible entrada de la salamanquesa que una vez bañada abandonaba el recipiente de barro como Pedro por su casa dejando un gustillo singular en el agua bebida a gañote.
Pero el culmen de la “crochetería” fue un “cuerpo” de vestido veraniego, hecho con hilo blanco, que cubría ese tramo corporal femenino que va desde la cintura hasta los hombros y cuya visión aún tengo grabada en mi memoria. Tal impresión me dejó aquella visión que me aficioné al crochet, pero dada mi condición masculina, y que aquellos tiempos no permitían licencias creativas que pudieran confundir la acera con la calzada, me decanté por el macramé. Es éste un arte en el que confeccionar esas prendas íntimas que antes citaba no es de todo aconsejable, pero siempre queda el recurso de hacer al macramé una buena faja reductora, en el aspecto de reducir no solamente el desparrame carnal, en el sentido literal, sino también de rebajar las pasiones incontroladas por parte de aquel que pueda padecer tal visión.   Sonrisa

Sap:

Nicolás: ¡El pañito para el agujero de atrás del búcaro! Que se completaba con aquella piececilla de plástico con forma de cigüeña para tapar el del chorro.

Coetáneos a los ‘standars’ tradicionales, hubo modelos que gozaron de fugaz celebridad: la perrita “Marilyn” de crochet tejida en torno a una botella, los pañitos de lo mismo confeccionados con tapones de vino Savin, el centro de mesa con cabezas de cisnes y uno que arrasó entre las niñas del momento: el vestido de flamenca de ganchillo para la muñeca Nancy.

Ahora en cambio, pues fíjate, las señoras se van a hacer aerobic o Pilates, se entretienen en la blogosfera y dicen que haga crochet su tía.  Sonrisa

clip_image004Albertiyele:

Nicolás: Parece que está de moda hacer “intervenciones” urbanas con tejido de crochet. Forran árboles, o bancos de plaza o columnas de alumbrado. Así que eso de las “intervenciones” se ve que quiere decir que con su trabajo y su creatividad “intervienen” en el paisaje de la ciudad. Quedan lindos. Y me imagino que debe dar un trabajo de esclavo (en este caso podríamos generalizar directamente en femenino, de esclava, porque está bastante claro que las tejedoras suelen ser mujeres) eso de forrar el tronco de un árbol con cuadritos tejidos al crochet.
A una tendera de la muy palmesana Plaça de la Mercé se le ocurrió organizar voluntarias tejedoras para otra clase de intervención: hacer cuadraditos para formar mantas de lana. El objetivo, en principio, es conseguir 1500 cuadraditos de 10 x 10 centímetros, con los que se irían haciendo 50 mantas. Tendrían que estar listas cuando empiece el invierno, en octubre o a más tardar noviembre. Se repartirían entre las personas (casi todos hombres) que viven y duermen en la calle. Así que sería también una “intervención” urbana, no tan vistosa pero más útil, creo, que abrigar árboles. Veremos cómo resulta.

Nicolás:

Albertiyele, aplaudo a la tendera de la Plaça de la Mercé y no comprendo lo de las “intervenciones”. ¿Para qué rodear el tronco de un árbol con un pañito de crochet? Si es por estética. vale. Pero, ¿cuánto puede durar el dichoso pañito a la intemperie, a pesar del benigno clima mallorquín? Otra cosa es que tuviera un sentido simbólico como ocurrió en los Estados Unidos cuando se puso de moda atar lazos amarillos alrededor de los árboles para simbolizar la memoria de los seres queridos que estaban ausentes. Creo recordar que se hizo mucho durante la guerra de Vietnam, y también cuando en el Irán de la revolución islámica secuestraron a todos los diplomáticos en la embajada estadounidense. De aquella época es una canción que se hizo muy famosa por aquí: “Ata una cinta amarilla alrededor del viejo roble”.

Blog de Antonio Muñoz Molina – 26 de abril de 2013

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: