La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

14 noviembre, 2012

El desván (lugar y memoria)

Filed under: De libros,Retales de recuerdos — Nicolás Doncel Villegas @ 19:17

Lean el siguiente texto:

Era aquel desván el sobrado de la casa con sus diez crujías, y ocupaba toda la planta. Jácenas y vigas travesañas, tirantes y palos voladizos hacían de aquel lugar algo fantasmal, como costillar de buque. Era preciso caminar con pasos atentados y la cabeza escondida entre los hombros para no descalabrarla en alguna de aquellas poderosas, firmes y descomunales ma­deras que sujetaban el tejado. No había guardadas en el des­ván demasiadas cosas, porque la casa era más bien austera. Sólo las armas famosas del caballero, orinecidas, abolladas y sin coyuntas yacían, como informe pelele, en un rincón, y, suspendidas de una viga, para que no se las comieran los rato­nes, había algunas piezas de chacina, longanizas y otras salazo­nes de carnes ya tumefactas y secos encurtidos. Y en un rin­cón el pan de aquel año, una buena montaña de próspero trigo, y en otro, otra aún más abultada de bálago y trigaza. En el lecho de esta paja se acunaban unas frutas serondas, manza­nas, peros pintones y cidros, que lo llenaban todo de un per­fume exquisito y delicado. Lo demás, en tan vasto espacio, permanecía vacío y ese vacío parecía aún más grande en el si­lencio que ensanchaba ilimitadamente el zureo de una doce­na de palomos y dos de palomas buchonas, gordas como pavos, que en uno de los lados tenían sus nidales. De un venta­nuco, practicado en el muro para dar luz a aquella lonja, en­traba purísimo, recién fundido, un agudo y oblicuo rayo de luz que la atravesaba de parte a parte, sin lograr apenas con­vertir las compactas sombras que allí reinaban en una angosta penumbra.

Al morir don Quijote – Andrés Trapiello

Ese texto me parece la descripción perfecta de lo que es un desván.

Mi casa, la casa de mis padres, no tiene desván. Tiene un gran patio, tenía corral y cuadra, pero no desván. Muchas casas de mi pueblo sí lo tenían; las de mis abuelos, por ejemplo. En las casas de los agricultores era una dependencia casi imprescindible. Yo, siendo niño, subí a más de uno y al leer el párrafo anterior no he podido evitar los recuerdos. Quiten ustedes las armas del famoso hidalgo, sustitúyanlas por algunas herramientas u objetos agrícolas (cribas, hocinos, biergos, horcas…) o utensilios del hogar fuera de temporada (braseros de picón, badilas, botijos…) y tendrán uno de esos desvanes que el que escribe lleva unido a sus recuerdos. Esos desvanes de escaleras estrechas y empinadas por donde los hombres subían cargados de saquillas de trigo en un trabajo casi de esclavo egipcio, esos desvanes que parecían esconder los secretos y las riquezas con las que poder subsistir a los imprevistos y a los malos años. Allí arriba se mostraba parte del esqueleto de la casa y había que andar con la cabeza gacha para evitar algún que otro descalabro. Pero a pie de calle uno tenía que erguir y doblar el cuello, levantar la vista para poder ver las ventanillas enrejadas que dejaban entrar aire y luz a aquel enigmático habitáculo. En aquellos desvanes han debido ocurrir miles de historias personales porque la gente subía a ellos a esconder sus pesares, a huir de las penas, pero también a buscar el refugio donde amarse alejados de las miradas indiscretas e imprevistas, a satisfacer sus pasiones personales, a leer a escondidas o a escribir versos. Estando en ellos uno parecía estar más cerca del cielo pero al mismo tiempo más cerca de la tierra que pisaba porque todo lo que allí había era el mundo real, los objetos de su quehacer diario, del sustento almacenado. Con el paso del tiempo los desvanes fueron desapareciendo o convirtiéndose en buhardillas adaptadas a las nuevas modas. Con ellos desaparecieron las palabras que uno acostumbraba a oír en aquellos días: fanegas, tirantas, lienzos, trébedes, aguaderas… Palabras que van unidas a ese lugar, el desván, bien porque aquél era su refugio temporal, bien porque formaban parte de él. Hoy el lugar y todo lo que con él guarda relación son parte de la memoria. Por ello es muy agradable volver a encontrarse en una novela esos pasajes que son parte de uno y que parecían estar perdidos en el tiempo.

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2 comentarios »

  1. .
    Muy, muy, muy bonita entrada, Nicolás.

    Comentario por Sap — 14 noviembre, 2012 @ 21:28 | Responder

  2. Gracias, Sap, por pasarte por este desván… digo girola.

    Comentario por donceldevr — 14 noviembre, 2012 @ 22:23 | Responder


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