La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

3 octubre, 2012

La Virgen del Magnificat A la Sombra de las Muchas en Flor (Botticelli y Proust)

Filed under: De libros — Nicolás Doncel Villegas @ 17:36

Una nueva conexión literatura-pintura que me llega muy cerca, que me roza hasta despejar la modorra de los recuerdos. Me la he encontrado en el segundo tomo de “A la Búsqueda del Tiempo Perdido”, el titulado de manera genial “A la Sombra de las Muchachas en Flor”. Si ya en el primero de los libros, “Por el Camino de Swan”, que componen la extraordinaria obra de Marcel Proust, me topé con la intensa relación que uno de los protagonistas, Swann, mantiene con la obra del pintor holandés Johannes Vermeer, y más en concreto con la pintura llamada “Vista de Delft”, en su segundo libro aparece un párrafo extraordinario que dice así:

clip_image001Tenía Swann una maravillosa manteleta oriental azul y rosa, que compró porque era exactamente igual a la de la Virgen del Magnificat. Pero Odette no quería llevarla; y sólo una vez dejó que su marido le encargara un traje plagado de margaritas, de acianos, de campánulas y de miosotis, como él de la Primavera. A veces, por las noches, cuando ya Odette estaba cansada, hacíame observar Swann, muy en voz baja, que su mujer iba dando inconscientemente, a sus manos, pensativa, el movimiento fino y un poco atormentado de la Virgen que hunde su pluma en el tintero ofrecido por el ángel para escribir en el libro santo, donde ya está trazada la palabra Magnificat. Pero añadía: “Sobre todo no se lo diga usted basta con que se dé cuenta para que no lo haga”.

El amor que ese personaje siente por la pintura de Sandro Botticelli lo traslada a su esposa regalándole una prenda, una manteleta, igual a la que viste una de las Vírgenes de Botticelli: la Virgen del Magnificat. Esa obra la vi en la Galería de los Ufizzi. Y la admiré porque fui a buscarla, no quería pasar sin observarla, porque es fácil perderse en esa Galería entre tanta obra genial, detenerse ante “El Nacimiento de Venus” o la “Primavera” y olvidarse de esa joya redondeada que es la “Virgen del Magnificat”, ese tondo en el que la Madonna y el Bambino se rodean de ángeles, ese cuadro circular en el que la Virgen va a ser coronada por dos ángeles mientras que con su mano derecha moja la pluma en el tintero.

Me imagino a la singular Odette con esa manteleta virginal que no quería llevar, o con ese vestido como el de la “Primavera”. Me la imagino porque ya sabemos que la imaginación es libre. Y sobre todo porque cuando dos maestros como Proust y Botticelli coinciden generan un caudal de belleza que cada cual absorbe como le viene en gana.

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