La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

30 agosto, 2012

Desde mi sombrilla 2012: ¡Zas! Pedrada y al morral (1)

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 20:08

Estando bajo mi sombrilla, relajado, oyendo por la radio las noticias sobre primas, puntos, recortes y otros términos tan usuales hoy día, oigo voces que penetran por mi oído aun estando éste taponado por los auriculares radiofónicos. Trastornado mi momento de paz interior, me desprendo de mis personales pinganillos, giro la cabeza y observo como un señor cincuentón (dicho sea con todo el cariño, por la parte que me toca) increpa a grito pelado al vigilante de la playa que se encuentra subido en su pináculo playero, observándolo por encima de sus hombros, tronco y piernas, con la soberbia que da el encontrarse a varios metros del nivel mar y de aquél que te increpa. Asunto: alguna de las medusas de ayer debió quedar rezagada de la manada en su retirada nocturna. Y el dichoso celentéreo ha atacado, cual mercado insaciable, el gemelo de la pierna izquierda del vociferante bañista, como si de la débil economía española se tratase. El damnificado, con el dedo índice de la mano derecha, le indica al supremo vigilante la erupción epidérmica que luce en su extremidad inferior, al mismo tiempo que con el mismo dedo, pero de la mano izquierda, señala hacia el mar, diciéndole:

– Allí es donde tú tenías que estar, bañándote para saber si hay medusas o no hay medusas.

A lo que el joven encargado de nuestras vidas bañaderas le responde también gritando, no por mala educación sino porque el viento comienza a soplar fuerte y diluye los sonidos como vulgar azucarillo:

– Usted perdone pero mi obligación no es bañarme. Y por mucho que insista no puedo poner la bandera de las medusas porque para hacerlo existe un protocolo que hay que cumplir.

clip_image001Como el volumen de voz es elevado me entero perfectamente de todo el diálogo, y ante la última intervención exclamo para mis interiores: “¡Coño, hoy día todo está protocolizado!”, si es que existe tal conjugación verbal. Y sigo pensando cuáles serán las pautas que definan en el citado protocolo cuándo ha llegado el momento de izar la banderola medusera. Me imagino que debe ser algo parecido a cuando declaran como punto negro un lugar concreto de una carretera en la que se ha producido un determinado número de accidentes. En este caso podría ser así: primera hora de vigilancia, dos picaduras asistidas en el puesto de la Cruz Roja, más una supuesta variable del veinte por ciento de picados que no acuden a la cura, por ser personas que soportan el dolor, bien por orgullo machista o por resistencia física, dan como resultado un nivel de incidencias que no computan en los parámetros establecidos para la colocación de señal textil visible de advertencia sobre posible contacto piel humana – gelatina celentérea. Es decir, el señor vocinglero y de piel erupcionada que se pase por el puesto de la Cruz Roja si es que quiere conseguir su objetivo de ver ondear la ansiada bandera a los cuatro vientos, pues su presencia en tan medicinal lugar elevaría el parámetro requerido a tres afectados (más un porcentaje mayor de supuestos) y el protocolo se pondría en marcha manifestándose en una realidad que consiste en ver a una de las chicas de protección civil correr bandera en mano hasta el mástil situado al lado de la torreta de altura inalcanzable en la que se encuentra aposentado su compañero increpado.

Pero como la naturaleza humana es contradictoria per se, el señor perjudicado por el ataque medusil no se encamina al puesto de la Cruz Roja, no. Después de intercambiar otras frases con el vigilante elevado a las alturas, diálogo éste último del cual no me he enterado por andar divagando mentalmente sobre protocolos, variables y porcentajes, el buen señor se acerca al grupo de bañistas que hemos estado observando la escena y cual si fuera político en mitin electoral se dirige a nosotros con una proclama que a mi corto entender tenía como objetivo aunar fuerzas en su objetivo final: la colocación de la bandera. Pero a esas horas y lugar el personal debe andar en el mismo tono revolucionario que los no sindicados de este país y el líder no consigue enardecer a las masas, debiendo contentarse con un apoyo que consiste en simples movimientos afirmativos de cabeza y frases tan insípidas como “pues sí, así va la cosa”, “hay que ver”, “a dónde vamos a llegar”, etc. dichas en un tono de voz tan desganado y lánguido que parecen más un cumplido emocional que un apoyo que desemboque en algo parecido a aquél “proletarios del mundo, uníos”, que dado el caso bien podrías ser “bañistas picajosos por medusa, uníos”. Incluso su mujer, que también lo ha estado observando mientras se bebía (ella) tranquilamente una refrescante lata de Cruzcampo, en la que aparece la cara del sin par Iniesta, esas latas que se han promocionado para la recién acabada Eurocopa de Selecciones de Fútbol, le dice con toda tranquilidad:

– Pues yo creo que lo mejor sería que fueses y que te pusieran algo ahí.

Él, que acaba de tomar asiento en su alumínica hamaca de franjas azules y blancas, y que todavía tiene la sangre encendida por el conflicto y la piel ardiendo por los efectos de su encuentro con la medusa, mira a su consorte con ojos hinchados en sangre, rostro adusto e índice acusador:

– ¿Sabes lo que te digo? Qué no, que ellos no me ponen nada.

(Continuará)

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