La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

10 agosto, 2012

Desde mi sombrilla 2012: Paseo experimental

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 20:17

A eso de las ocho de la tarde, cuando el sol ya no quema, mi santa y yo nos andamos todo el paseo marítimo en plan caminata deportiva para que el cuerpo se desmolde y pierda la adaptación anatómica que ha tomado en su perfecta conjunción con la hamaca de playa. Algunas veces piensa uno que esas caminatas y esos sudores bien podría ahorrárselos, y ese tiempo dedicarlo a tomar alguna cervecita fresca en alguno de los numerosos chiringuitos que atravesamos durante la susodicha caminata; como, por cierto, vemos hacer a gentes cuya anatomía, perdonen ustedes esta nota de orgullo propio, presenta unas deficiencias más notables que las que uno ya acarrea.

Bien, pues una de esas tardes andábamos a buen paso mi santa y yo mientras comentábamos con respiración algo acelerada la situación económica de este país. El acelero respiratorio era debido a la marcha, aunque también influían las noticias sobre la supresión de la paga extra de navidad que habíamos oído por la mañana. La pérdida de ese complemento económico y los consecuentes “piropos” que uno dirige a los que han tomado esa decisión producen una alteración del ritmo respiratorio en la misma medida en la que uno incrementa la velocidad de los pasos al andar.

En tal situación nos hallábamos cuando llevábamos recorrido algo más de la mitad de nuestro itinerario habitual y encontrándonos enfrascados en la conversación siento de pronto como alguien me coge suavemente por el antebrazo izquierdo, pues si hubiese sido el derecho sólo podría haber sido mi esposa y en tal actividad deportiva no lo hace nunca. Sorprendido por el agarre corporal, repito que fue suave y delicado, disminuyo el ritmo de mi caminar al mismo tiempo que giro la cabeza, veo a una chica alta y rubia, adolescente sonriente, a la que le digo con cara de sorpresa: “hola, ¿qué haces, qué pasa?”. La chica me responde: “hola, no se asuste, esto es un experimento de cámara oculta”, y acto seguido me señala unos metros y dos palmeras más allá a un señor que graba con una cámara colocada en un trípode. Al mismo tiempo, breve espacio de tiempo, en el que me ocurre lo contado, mi santa vive idéntica experiencia pero siendo el gancho (creo que ese es el término que se utiliza en estos casos) un chico alto y moreno, un sonriente adolescente que repite lo mismo que su compañera. Ni siquiera hemos llegado a detenernos porque todo ha sido muy rápido así que cuando nos cruzamos con el cameramen lo miro y él, sonriendo, me dice “gracias, señor”.

Olvidada la supresión de la paga extra navideña, que tanto aceleraba mi ritmo respiratorio, paso a comentarle a mi santa el “experimento de cámara oculta” del que acabamos de ser conejillos de Indias. Con las prisas andarinas ni siquiera le he preguntado al sonriente operador de cámara en qué cadena de televisión iba a salir esto, pregunta que es obligada en este tipo de casos en los que uno se siente protagonista sin llegar a creerse estrella de cine. Lo que sí he observado es que la cámara no llevaba ninguna de esas pegatinas identificativas que usan las cadenas televisivas o las productoras de programas para ese consumo audiovisual. Por un momento pienso que podría tratarse de cualquier otro tipo de estudio que tuviese como tema la sorpresa, la gestualidad facial o vaya usted a saber, porque hoy día se hacen estudios para todo, la mayoría de los cuales suelen ser tan originales como inútiles.

Hemos llegado al final del paseo, giramos, tomamos el camino de vuelta y en un plis plas volvemos a estar casi en el lugar del “experimento”. Antes de llegar a él observo como una señora (que camina sola y bastante despacio, luego el experimento no guarda un patrón uniforme) ha sido víctima, siendo agarrada por dos chicos diferentes de los que se acercaron a mi santa y a mí. También observo como vuelven unos metros atrás y se sientan en el poyete que deslinda la playa del paseo marítimo. Junto a ellos hay otras dos chicas, además de la pareja que nos agarró a nosotros. Mientras caminamos por el centro del paseo voy separándome de mi esposa y acercándome al grupo de “ganchos”, la primera de las cuales es la chica que me tomo como víctima. Todos miran hacia el otro lado estudiando quién será su próxima “presa”. Yo sigo separándome de mi santa, me voy acercando sigilosamente al grupo, acelero el paso, camino pegado al poyete de playa y me encuentro a un par de metros de la chica alta y rubia. Uno de los chicos ha vuelto la cabeza y me mira con cara de sorpresa (me imagino que habrá observado mi maligna sonrisa de Joker). No le da tiempo de decir nada puesto que estoy agarrando ya por el brazo a la chica alta y rubia que ahora sigue siendo adolescente pero que no sonríe. Me mira con cara asustada mientras yo le digo: “hola, no te asustes, esto es un experimento de cámara oculta”. Sus compañeros, que se habían girado por los codazos del que me había visto llegar, sueltan sonoras carcajadas mientras que a la chica le vuelve la sonrisa y yo me alejo buscando el centro del paseo, donde me espera mi santa con cara de sorpresa.

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1 comentario »

  1. Jajaja, tienes tarea! Tendré que estar más atento a tu blog xq no sabía de esto!

    Comentario por Joaquín — 12 septiembre, 2012 @ 21:53 | Responder


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