La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

4 marzo, 2012

Los tacones de aguja no están hechos para el macadán

Filed under: De libros — Nicolás Doncel Villegas @ 23:05

clip_image002Cuando transito por caminos rurales suelo quejarme del mal estado en el que algunos se encuentran. Generalmente el mantenimiento de estas vías suele estar a cargo de las diputaciones provinciales, esos organismos decimonónicos a los que las administraciones autonómicas han quitado brillo y presupuesto. Los menos importantes son arreglados por común acuerdo de los propietarios de tierras que el camino atraviesa, generalmente pequeños agricultores a los que les supone una condena económica dedicar parte de sus exiguas ganancias a la mejora de tales vías rurales. Muchas veces he oído decir a mi padre que ese mal estado, esos baches, esa aspereza, se arreglaba echándole una capa de recebo. A mí lo del recebo me sonaba a cerdo ibérico alimentado a partes iguales de pienso y bellota. Me imaginaba una incorrecta utilización de dicho término o un uso coloquial por similitud entre la grasa animal y la fina capa de piedra menuda que se utiliza para igualar el firme del camino, que realmente es lo que es el recebo. Cuando certifiqué que el uso de esa palabra era el correcto volví a sorprenderme con el hecho de que personas no leídas y sin estudios utilizan el lenguaje con más propiedad de la que uno presupone.

El recebo ha vuelvo a aparecer en mi vida. Ese árido compuesto de material triturado y con arena es el encargado de poner el punto de perfección, la guinda del pastel, al macadán (o macadam). Cuando leí por primera vez este término creí encontrarme ante un error tipográfico. Afortunadamente la lectura era en un ebook. Bastaba teclear el diccionario y comprobar que aquella aguda tan contundente no existía. Pero el diccionario, como la vida, te da sorpresas. El macadánexiste, y debe su nombre a un ingeniero escocés: John Loudon McAdam. Es un tipo de construcción de caminos y carreteras a base de áridos y gravas cuya última capa es el recebo.

Si de mi padre aprendí lo que es el recebo, de Michel Houellebecq he aprendido lo que es el macadán. Me lo encontré leyendo “El mapa y el territorio”, Premio Goncourt de novela:

“Se apeó y le azotó el frío, más vivo que en zona urbana, deambuló unos minutos sobre el macadán del área de servicio.”

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