La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

9 junio, 2008

Historias de la p… mili (VII) – “Recluta y opositor”.

Filed under: Historias de la p... mili — Nicolás Doncel Villegas @ 17:59

A los pocos días de ser recluta, me avisan una tarde a última hora que tengo visita. Atravieso todo el campamento sabiendo que eran mis padres a quienes iba a encontrar. Había hablado con ellos por teléfono durante los días anteriores para que estuvieran atentos, junto con los padres de mis compañeros de oposiciones, a la publicación de las notas del primer examen. Eso había ocurrido y estaba aprobado. También Antonio, que era recluta en el vecino campamento de Obejo.

Así que allí estaban ellos dispuestos para llevarme a Castro porque al día siguiente era el segundo examen. A partir de ahí se sucedieron los momentos más angustiosos que creo recordar he vivido (exceptuando la noche de un treinta y uno de julio). Tras hablar con mis padres desanduve el camino para tratar de conseguir el permiso que me permitiera presentarme al examen. A esa hora los mandos de los que dependía se habían marchado la mayoría. El permiso tenía que ser concedido por el oficial (teniente o capitán) al mando de la compañía en ese momento; pero no había ninguno. El sargento de guardia se negó a firmármelo porque no tenía potestad para ello y “no pensaba jugarse el bigote por mí”. Nunca se me olvidará la desesperación que sentí. Sentado en una de las literas que había cercana a la “furrielería” y al cuarto de suboficiales, y con las manos en la cara, lloré. No lo había hecho desde que era un niño.

Uno de los cabos primeros reenganchados que estaba asignado a la compañía se me acercó interesándose por lo que me ocurría. Se lo cuento brevemente y me responde que va a tratar de ayudarme. Me dice que le siga y mientras me cuenta que hay un alférez que aún no se ha marchado; es una “buena persona” que podría solucionar mi problema. Nos presentamos a él y tras contarle la urgencia me responde que, aunque en realidad no le corresponde hacerlo, me firmara el pase de salida y el permiso para que vuelva en cuanto haga el examen. Le prometo que mañana por la noche estaré en la formación. Como ya dije en otro momento de esta historia, buenas personas hay en todas partes independientemente de la ropa que vistan. Estaré eternamente agradecido a esas dos personas que cambiaron mi vida.

Con el permiso firmado vuelvo rápidamente a la compañía, me visto de bonito y corro hacía la puerta de salida. Montamos en el Renault 4 (¿o fue en el taxi porque el R4 se había averiado?) y salimos de Cerro Muriano. Mi satisfacción era tal que no podía valorar lo que ese momento representaba teniendo en cuenta que al día siguiente tenía que hacer el segundo examen.

clip_image002 Hice el examen y volví al campamento como había prometido al alférez. Días después salía la nota y estaba aprobado. Mi alegría era inmensa. Había que realizar un tercer examen pero era de puro trámite porque las plazas reservadas a mi tribunal eran las mismas que los opositores que habíamos aprobado. Para salir a realizar esa tercera prueba no hubo agobios. Habíamos aprendido de la experiencia. Y lo digo en plural porque si yo lo había pasado mal para salir, mi amigo Antonio lo pasó aún peor. Con la justificación del tribunal de oposiciones, el permiso me fue concedido sin problemas y pude disfrutar de un par de días anteriores al examen para prepararlo. Cuando estaba haciendo la tercera prueba, vestido de militar porque tenía que volver esa misma tarde, el supervisor me dijo: “vaya mili que te vas a tirar sabiendo que tienes las oposiciones aprobadas”. Con esa idea volví al campamento. Cuando me hice la foto que aparece en el carné de recluta seguramente esa idea rondaba por mi cabeza porque si la cara es el espejo del alma, la de la foto transmite la calma que viene después de la tempestad. Entre idas y venidas opositoras me había “comido” casi medio campamento. Lo que me quedaba sí que iba a ser la rutina, la pesada rutina de un recluta. Pero poco me importaba lo que viniera. Lo peor había pasado ya.

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